Cocina
Aderezos caseros: cinco maneras de transformar una ensalada
Sandra · NutreBotánica · 25 de julio de 2026 · 6 min de lectura

Proporciones básicas de grasa, ácido y aroma para dejar de repetir siempre el mismo aliño.
Una ensalada aburrida casi nunca es culpa de la lechuga. El aliño es el que aporta grasa, acidez, sal y aroma, es decir, casi todo lo que el paladar registra como sabor.
La proporción de partida
Tres partes de grasa por una de ácido es el punto de equilibrio clásico. A partir de ahí se ajusta: más ácido para hojas dulces o vegetales asados; más grasa para hojas amargas como rúcula o endivia.

Cinco combinaciones que funcionan
Aceite de oliva y limón con ralladura; tahini, agua y limón para una textura cremosa sin lácteos; yogur con hierbas frescas y ajo; mostaza, vinagre de vino y miel; y aceite con vinagre de arroz, jengibre rallado y una gota de salsa de soja.
El emulsionante lo cambia todo
Una cucharadita de mostaza, tahini, miso o yogur evita que el aliño se separe y lo vuelve más envolvente. Agita en un frasco cerrado en lugar de batir: es más rápido y facilita guardar el sobrante en frío.
Ideas clave
- 3 partes de grasa por 1 de ácido como punto de partida.
- Sala el aliño, no la ensalada.
- Añade el aderezo justo antes de servir.
- Prepara el doble y guárdalo hasta cinco días en frío.



