Cocina
Vegetales de raíz: sabores que empiezan bajo la tierra
Sandra · NutreBotánica · 29 de julio de 2026 · 7 min de lectura

Zanahoria, chirivía, nabo o remolacha: cómo tratarlas en cocina para sacarles dulzor y textura.
Las raíces son la despensa de la planta: acumulan azúcares y almidones para sobrevivir al frío. Esa función biológica explica por qué se vuelven dulces cuando las cocinas bien y por qué resultan sosas cuando las hierves sin más.
Asar concentra, hervir diluye
El horno evapora agua y permite que los azúcares se caramelicen: por eso una zanahoria asada sabe mucho más intensa que la misma zanahoria cocida. Corta piezas de tamaño similar, usa una bandeja amplia y no las amontones, o se cocerán en su propio vapor.

El contraste que necesitan
Al ser dulces, agradecen un contrapunto: un chorro de vinagre o limón al salir del horno, hierbas resinosas como tomillo o romero, un fondo salado (miso, mostaza, queso curado) o un elemento crujiente como avellanas tostadas.
Aprovechar la pieza entera
Las hojas de remolacha y nabo se saltean como acelgas; los tallos de zanahoria dan un pesto herbáceo; las pieles limpias sirven para caldo. Muchas raíces no necesitan pelarse: un buen cepillado basta y conserva textura.
Ideas clave
- 220 °C, bandeja amplia y piezas parejas para asar.
- Ácido al final, nunca al principio.
- Guárdalas sin hojas y en oscuridad para que no se ablanden.
- Rállalas en crudo para ensaladas: cambian por completo de carácter.



